Los ovarios no duelen
¿Cuantas veces en tu vida has dicho: me duelen los ovarios?
Es muy común que en algunos días concretos del ciclo, para describir ciertas molestias que se perciben en la parte baja del abdomen usemos esa expresión. Pero…sorpresa, os ovarios en sí mismos no tienen receptores de dolor como para provocar una sensación directa. Lo que se interpreta como “dolor de ovarios” suele estar relacionado con estructuras cercanas, cambios hormonales o tensión en músculos y ligamentos de la zona pélvica.

Los ovarios son dos glándulas reproductoras situados a ambos lados del útero, en la pelvis, y no están unidos directamente con los órganos del aparato reproductivo, sino que están sujetos y conectados mediante ligamentos y vasos sanguíneos. Por tanto, no están pegados a las trompas de Falopio, hay un espacio entre ambos. Entonces…¿cómo consigue desplazarse el óvulo y llegar al útero? Pues durante la ovulación, el extremo de la trompa se aproxima y toma el óvulo.
Es como si se tratara de una mano que recoge al óvulo al ser expulsado. Ahora sí, con estas aclaraciones, y sabiendo también que los ovarios no tienen terminaciones nerviosas somáticas (como la piel), sino que estas están relacionadas con el sistema nervioso autónomo, la expresión “me duelen los ovarios” no tiene fundamentación médica, ni tiene sentido si queremos empezar a llamar a las cosas por su nombre.

Pero este malentendido es comprensible: el ciclo menstrual implica cambios en el aparato reproductor femenino que pueden generar sensaciones (molestias, presión, punzadas) que asociamos a los ovarios y que realmente tienen que ver con otras estructuras que los envuelven o que están cerca de ellos. Ahora bien, como habréis oído últimamente, “la regla no duele” o "un ciclo saludable no tendría que doler", así que cabe diferenciar entre sensaciones normales en cada fase del ciclo, y señales que puedan estar indicando desequilibrios hormonales o disfunciones.
¿Te suena la palabra dismenorrea?
Está definida por la RAE como "menstruación dolorosa" y es un término que se utiliza para diferenciar entre las molestias o incomodidad durante el sangrado, y el dolor crónico asociado a la hemorragia menstrual. Esta puede ser primaria (relacionada con niveles elevados de prostaglandinas, que son sustancias químicas que desempeñan un papel en la contracción del útero) o secundaria (causada por endometriosis, fibromas uterinos, enfermedades inflamatorias pélvicas o adenomiosis).

Molestias normales a lo largo del ciclo
En un ciclo hormonal saludable, las fluctuaciones de estrógenos y progesterona generan cambios en el útero, el cuello uterino, las trompas de Falopio y la musculatura pélvica. Algunas de estas variaciones pueden percibirse como sensaciones incómodas, pero no deberían ser incapacitantes, de hecho, podemos clasificarlas según el momento del ciclo en que las percibamos:
1) Sensación de ovulación (dolor intermenstrual o mittelschmerz en alemán):
- Entre los días 12 y 16 del ciclo, algunas mujeres notan una ligera molestia o pinchazo en un lado del abdomen bajo.
- Es breve (unas horas o, como mucho, uno o dos días) y de intensidad leve o moderada.
- Se debe al cambio de niveles de estrógenos-progesterona
2) Sensibilidad pélvica premenstrual:
- En la fase lútea (tras la ovulación), el aumento de progesterona puede provocar sensación de pesadez o tensión en la pelvis.
- Suele acompañarse de retención de líquidos, hinchazón abdominal y sensibilidad mamaria.
3) Molestias menstruales leves:
- El inicio del sangrado menstrual (día 1 del ciclo) implica contracciones del útero para expulsar el endometrio.
- Esto puede causar cólicos suaves, sensación de calor en la zona baja del abdomen y, en algunas mujeres, molestias lumbares y pesadez en las piernas.
En todos estos casos, el malestar es tolerable: permite hacer vida normal, no obliga a tomar medicación de forma habitual y desaparece en el plazo esperado. Pues, ¿qué pasa si en alguna de las fases del ciclo me siento extremadamente cansada, no puedo estar durante largo tiempo de pie, o siento un dolor incapacitante? Amiga, escucha a tu cuerpo, te está avisando de que tienes algo que atender.
Cuando las molestias superan un umbral que interfiere con la vida diaria: faltar al trabajo o dejar de lado obligaciones, tener que permanecer en cama o depender de analgésicos de forma recurrente, puede estar asociado a desequilibrios hormonales, disfuciones del suelo pélvico, alteraciones en tu fisionomía...Si llevas toda la vida sintiendo dolor los días de la menstruación, no tienes porqué preocuparte ni alarmarte, ya que no siempre implica una enfermedad grave, pero sí es un indicativo de que algo no está funcionando al 100%, y muchas veces, más allá de una enfermedad o disfunción, tiene que ver con los hábitos del día a día (descanso, ejercicio, alimentación, estrés, consumo de alcohol...).

Es cierto que el ciclo menstrual implica sensaciones y algunas molestias forman parte de la fisiología normal. Pero el dolor incapacitante nunca debería considerarse “normal”, es una señal del cuerpo, es un mecanismo de alerta temprana. Nos está diciendo que el organismo necesita atención, ajuste o descanso, y en el caso del ciclo menstrual, puede ser la forma en que el cuerpo señala que: hay déficit de micronutrientes clave para la función hormonal (como magnesio, vitamina B6, zinc o hierro), el nivel de estrés está interfiriendo con el equilibrio hormonal, hay tensión o debilidad en el suelo pélvico, el sistema inmune está reaccionando con más intensidad de la necesaria...
En muchos casos basta con hacer ajustes en la alimentación, en el movimiento y en el descanso para reducir notablemente las molestias. Los hábitos de vida saludables nos ayudan a calmar muchos dolores que pensamos que solamente pueden mejorar con fármacos. Es conveniente tomar responsabilidad de nuestro cuerpo y de nuestras molestias y reconocer que las decisiones y las acciones del día a día muchas veces son las causantes.
En resumen amiga:
• Los ovarios no duelen: las molestias que atribuimos a ellos suelen provenir de estructuras cercanas y cambios hormonales.
• En un ciclo sano puede haber incomodidad leve en la ovulación, en la fase premenstrual y en el inicio de la menstruación.
• El dolor intenso o incapacitante no es normal y debe valorarse, aunque no siempre sea signo de una enfermedad grave.
• Escuchar y entender las señales del cuerpo es clave para prevenir problemas y mejorar la calidad de vida.
Te invito a valorar tu dolor y a darte el permiso de sentir para dejar de sufrir "porque toca" o "porque es así". Pequeños cambios en tu día a día, en cualquier momento del ciclo pueden repercutir en tu experiencia menstrual. No lo dejes pasar, otórgale la importancia que se merece, porque es tu cuerpo, y está doliendo.
Algunas recomendaciones que a mí me ayudan para sobrellevar los días de sangrado:
- Aplicar calor en la parte baja del abdomen (bolsa de agua o saco de semillas).
- Infusiones de jengibre, hinojo, manzanilla, canela.
- Movimiento para mejorar la circulación (suave si lo prefieres, como: pasear, estirar...o si tu cuerpo te lo permite, cualquier otro tipo de ejercicio físico).
- Descanso nocturno suficiente.
- Reducción de la ingesta de alcohol y de cafeína.
- Consumir alimentos ricos en grasas saturadas y magnesio.
- Mantener una buena hidratación.
- Orgasmo, por la liberación de endorfinas y relajación muscular.
